Dentro del vientre de algún lobo :: Gramática de la fantasía: el poder liberador de la palabra

Por Gabriela Ibáñez


Gianni Rodari fue escritor, periodista, profesor y militante político, pero todas sus actividades parecieron ir siempre en busca de un mismo fin: el de abrir un espacio para la imaginación y la creación, y la de defender a los niños como creadores activos con capacidad para transformar el mundo, el cual muchas veces se les presenta como impositivo e incoherente.

Rodari creció bajo el fascismo, se educó en una escuela tradicional donde como él confiesa le enseñaron la lengua del dictado, es decir, la lengua para decir siempre sí, la lengua de la adaptación al mundo como es y a la autoridad. Quizá esta fue la principal razón que lo llevó a luchar por una renovación de los contenidos de la literatura infantil y de los planteamientos pedagógicos autoritarios en los que se basaba. Para realizar está difícil labor, Rodari sabía que debía acercarse a la cultura del niño. Es por ello que decidió recorrer las escuelas de Italia, libreta en mano, tratando de desentrañar el lenguaje infantil.

Rodari consideraba que era importante partir de la lengua porque ésta configuraba la realidad: La lengua (...) no es una materia separada de las demás que tenga límites bien precisos: aquí está la lengua y aquí está la geografía (...) Sin lengua no hay geografía, sin lengua no hay ciencia, sin la lengua no existe ninguna de aquellas que nosotros distinguimos, clasificamos y llamamos materias. La lengua es el aire en el cual viven estas así llamadas materias. No puedo hacer historia sin la lengua, no puedo hacer filosofía sin la lengua, no puedo hacer política sin la lengua, no puedo vivir sin la lengua. Nosotros estamos dentro de la lengua como el pez está dentro del agua, no como un nadador. El nadador puede tirarse un clavado y salir, pero el pez no, el pez tiene que estar adentro.

Además confiaba en el poder de la lengua para transformar el mundo cuando ésta lograba alcanzar su autonomía. Ayudar a los niños a construirse sobre aquella lengua libre y completa, era su principal objetivo. Y qué mejor manera de liberar al lenguaje de sus ataduras que a través de la creación literaria.

Con estas convicciones, Gianni Rodari regresó de su revelador viaje, en donde experimentó contando historias a los niños y creándolas con ellos. Gramática de la Fantasía, libro publicado en 1973, será el fruto de esta experiencia. Una propuesta concreta para que tanto chicos como grandes puedan elaborar sus propias historias. En palabras de su autor, es una obra para quien cree en la necesidad de que la imaginación ocupe su lugar en el ámbito educativo; para quien confía en la creatividad infantil; para quien conoce el sentido liberador que puede llegar a tener la palabra.

Rodari plantea a partir de pequeñas y sencillas operaciones gramaticales, como el “binomio fantástico”, liberar a las palabras de las cadenas verbales a las que normalmente están atadas para darles un nuevo sentido. El travieso escritor italiano nos propone que utilicemos las palabras como juguetes, que juguemos con ellas hasta que logremos crear nuevas historias, pues considera que sólo a través de ellas y de los procedimientos fantásticos que las producen se puede ayudar a los niños a entrar a la realidad de una manera más agradable y divertida, y por tanto, más útil.

Gramática de la Fantasía es un libro que se ha convertido en un clásico y que recomiendo, especialmente, a todos aquellos que enseñan a niños y aspiran a algo más que a dictar una materia, sino que buscan ser, como dice Rodari, “pedagogos de la imaginación”. Para acercarnos a su pensamiento cito a continuación unos extractos. Hasta la próxima.

"La fantasía no está en oposición a la realidad, es un instrumento para conocer la realidad, es un instrumento que hay que dominar. La imaginación sirve para hacer hipótesis y también el científico necesita hacer hipótesis, también el matemático lo necesita y hace demostraciones por absurdo. La fantasía sirve para explorar la realidad, por ejemplo para explorar el lenguaje, para explorar todas las posibilidades para ver qué resulta cuando se oponen las palabras entre sí."

“Una palabra, lanzada al azar en la mente, produce ondas superficiales y profundas, provoca una serie infinita de reacciones en cadena, implicando en su caída sonidos e imágenes, analogías y recuerdos, significados y sueños, en un movimiento que afecta a la experiencia y a la memoria, a la fantasía y al inconsciente, complicándolo el hecho de que la misma mente no asiste pasiva a la representación, sino que interviene continuamente para aceptar y rechazar, ligar y censurar, construir y destruir."

"Una manera de hacer productivas las palabras, en sentido fantástico, es deformándolas. Lo hacen los niños para divertirse: es un juego que tiene un contenido muy serio porque les ayuda a explorar las posibilidades de las palabras, a dominarlas, forzándolas a declinaciones inéditas; estimula su libertad de ‘hablantes’, con derecho a su personal parole (¡gracias, señor Saussure!); anima en ellos el anticonformismo."

“Todos los usos de la palabra para todos, me parece un buen lema, con un bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo.”

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